
Ya lo he comentado en
otra oportunidad en este blog, con un tono más serio y desde otro punto de vista, pero es que
DEFINITIVAMENTE NO TOLERO EL SUFRIMIENTO ANIMAL.
Cuando era más chica recuerdo claramente haberme puesto a llorar largamente viendo un documental que narraba el duro viaje desde el cascarón hacia la playa de las tortuguitas de mar.
Y es que sufrían tanto las pobres!!! Cómo los pájaros malditos se las podían comer??? Qué acaso no les vieron la carita adorable que tenían???
Los años me fueron enseñando que como norma general “el pez más grande se come al más chico”. Mis estudios me llevaron a entender que para vivir hay que comerse a otros y que es la única forma de hacer fluir la energía en las tramas alimenticias y bla bla bla… No me quiero poner técnica pa’ mis cosas, el asunto es que ahora puedo ver el Natgeo sin llorar a moco tendido.
Me duele el alma cada vez que veo un animalito atropellado o sufriendo de alguna manera; lo que me llama poderosamente la atención es que no comparto esa compasión por los humanos… (digamos que se salvan niños, ancianos y mis familiares y cercanos). No es que no sienta altruismo por mis conespecíficos, solo que me impacta mucho más el sufrimiento animal.
Siempre he pensado: una persona que sufre tiene por lo menos que haber hecho sufrir a otro (intencionalmente o no), es como si “se lo mereciesen”; mientras que un animal es completamente inocente, si te ataca es porque se sintió amenazado de alguna forma o porque te confundió con una presa, pero finalmente dentro del mundo animal esas agresiones atienden a una necesidad.
Toda esta reflexión me vino por un video que llegó a mi mail… Voy a poner el link pero va con una enorme
ADVERTENCIA:
Yo no pude verlo completo, no me dio el cuero y mi nivel de morbo con ese tipo de cosas es cero… Así que si ud es como yo
NO LO VEA, si hay niños a su alrededor
TAMPOCO LO VEA